El crimen organizado en Chile mantiene una tendencia al alza. Así lo revela la tercera edición del Indicador Nacional de Crimen Organizado, elaborado por el Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado de la Universidad San Sebastián (Cescro-USS), que evidenció un aumento acumulado de 45% en los delitos asociados a este fenómeno entre 2022 y 2025.
El estudio fue presentado durante el Foro Internacional de Crimen Organizado «Seguridad, Justicia y Cooperación frente a una Amenaza Global» y analizó la evolución de los delitos ingresados al Ministerio Público durante los últimos cuatro años. En 2025 se registraron 94.874 delitos, un 10% más que en 2024. La tasa nacional alcanzó 656,4 casos por cada 100 mil habitantes, equivalente a más de 260 delitos diarios.
Aumentan los delitos por corrupción
El director del Cescro-USS, Luis Toledo, afirmó que las cifras reflejan una mayor capacidad de adaptación y profesionalización de las organizaciones criminales. Además, advirtió que el fuerte incremento de los delitos vinculados a la corrupción representa una señal de alerta, ya que evidencia intentos de penetración institucional para favorecer la impunidad de estas redes.
El informe también señala que el crimen organizado en Chile sigue concentrándose principalmente en el narcotráfico y el tráfico ilegal de armas. Sin embargo, las mayores alzas entre 2024 y 2025 se registraron en los delitos relacionados con corrupción, que aumentaron 63%, y en organizaciones criminales, con un crecimiento de 27%. También crecieron 26% los casos de trata de personas y tráfico de migrantes.
Región Metropolitana concentra más casos
En el análisis territorial, la Región Metropolitana reúne la mayor cantidad de delitos en términos absolutos. En tanto, Tarapacá, Arica y Parinacota, y Antofagasta registran las tasas más altas por cada 100 mil habitantes.
El indicador identificó además 85 comunas con niveles críticos de crimen organizado, equivalentes a una de cada cuatro comunas del país. Según el estudio, estos territorios se concentran principalmente en zonas urbanas y estratégicas, donde la densidad poblacional, la conectividad y la actividad económica favorecen la presencia de mercados ilícitos.








