ACTUALIDAD INTERNACIONAL

Accidentes de tránsito causan más de un millón de muertes al año en el mundo

Puente Liray-Batuco

Foto: referencial

Los siniestros viales dejan hasta 50 millones de lesionados anualmente.

Los accidentes de tránsito continúan representando una de las principales amenazas para la salud pública y el desarrollo económico a nivel mundial.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año cerca de 1,16 millones de personas pierden la vida como consecuencia de colisiones ocurridas en calles y carreteras, mientras que entre 20 y 50 millones sufren traumatismos no mortales.

Una parte importante de estos lesionados enfrenta secuelas permanentes o discapacidades que modifican su vida cotidiana, su capacidad laboral y la situación de sus familias.

La carga de mortalidad se distribuye de manera desigual. Más del 90% de las defunciones por accidentes de tránsito ocurre en países de ingresos bajos y medianos. Las tasas más altas se concentran en África, mientras que las más reducidas corresponden a Europa.

Sin embargo, incluso dentro de las naciones de ingresos altos, las personas pertenecientes a grupos socioeconómicos más desfavorecidos enfrentan una exposición mayor a las colisiones y a sus consecuencias.

La edad también marca diferencias significativas. Los traumatismos causados por el tránsito constituyen la principal causa de muerte entre niños y jóvenes de 5 a 29 años. Además, dos tercios de las víctimas fatales tienen entre 18 y 59 años, es decir, se encuentran en edad laboral.

Las brechas también se observan según el sexo. Los hombres presentan tres veces más probabilidades de fallecer en un accidente de tránsito que las mujeres.

Uno de los principios centrales para disminuir estas cifras es el enfoque de sistema seguro, que propone diseñar el transporte considerando que las personas pueden cometer errores. Bajo esta mirada, las vías, los vehículos, las velocidades y las normas deben reducir al mínimo la posibilidad de que una equivocación termine en lesiones graves o en una muerte.

La velocidad es uno de los factores más determinantes. Por cada aumento del 1% en la velocidad media, el riesgo de una colisión mortal crece un 4%, mientras que la posibilidad de un accidente grave sube un 3%.

Para un peatón atropellado frontalmente, el incremento desde 50 km/h a 65 km/h eleva 4,5 veces el riesgo de morir. En choques laterales entre vehículos que circulan a 65 km/h, la probabilidad de fallecimiento para los ocupantes alcanza el 85%.

El consumo de alcohol, drogas u otras sustancias psicoactivas también eleva de forma considerable la posibilidad de una colisión. En el caso del alcohol, el riesgo aparece incluso con niveles bajos en la sangre y aumenta de manera significativa cuando la concentración llega o supera los 0,04 g/dl.

La gravedad depende igualmente de la sustancia consumida. Una persona que ha ingerido anfetaminas enfrenta un riesgo de accidente mortal aproximadamente cinco veces mayor que un conductor que no las ha utilizado.

En tanto, el uso de implementos de seguridad puede marcar una diferencia decisiva. El cinturón de seguridad puede reducir hasta en un 50% el riesgo de fallecimiento entre los ocupantes de un vehículo. En el caso de los niños, los sistemas de sujeción apropiados disminuyen hasta en un 71% la probabilidad de muerte.

Las distracciones al volante constituyen otra amenaza creciente, especialmente por el uso de teléfonos celulares. Los conductores que manipulan un teléfono mientras conducen tienen cuatro veces más probabilidades de participar en una colisión que quienes no lo hacen.

La infraestructura vial también influye en la cantidad y gravedad de los accidentes. Las rutas deberían estar diseñadas para proteger a automovilistas, peatones, ciclistas y motociclistas. Aceras, ciclovías, cruces seguros y sistemas de ordenamiento del tránsito pueden disminuir la exposición de los usuarios más vulnerables y prevenir lesiones.

A ello se suma la seguridad de los vehículos. Las normas sobre impactos frontales y laterales, control electrónico de estabilidad, airbags y cinturones son esenciales para evitar colisiones o reducir sus consecuencias.

La respuesta posterior a un choque es igualmente crítica. Unos pocos minutos de demora en detectar a los heridos, activar la asistencia o trasladarlos pueden determinar la diferencia entre sobrevivir o morir. Por ello, resulta fundamental fortalecer la atención prehospitalaria y hospitalaria, junto con la capacitación especializada de los equipos.

Finalmente, las leyes pierden efectividad cuando no existe fiscalización suficiente. Las normas sobre velocidad, alcohol, cascos, cinturones y sistemas infantiles requieren controles permanentes, sanciones adecuadas y actualizaciones periódicas.

Sin cumplimiento real, la percepción de impunidad reduce la obediencia y limita el impacto preventivo de las medidas destinadas a disminuir las muertes y los traumatismos en el tránsito.

CHH