El comercio ilegal enfrenta hoy un mayor cuestionamiento ciudadano, pero esa percepción no se traduce necesariamente en un cambio de conducta. Así lo refleja la Tercera Encuesta Nacional sobre Percepción del Comercio Ilícito y Contrabando, elaborada por la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (CNC), cuyos resultados evidencian una distancia entre lo que las personas declaran y cómo actúan al momento de comprar.
El estudio muestra que, si bien existe un rechazo extendido a estas prácticas, persiste una cierta normalización del comercio ambulante informal, asociada principalmente a factores económicos y de acceso inmediato.
Conciencia del daño, pero tolerancia social
Uno de los principales hallazgos del sondeo es el alto nivel de conocimiento sobre las consecuencias del comercio ilegal. Cerca de nueve de cada diez personas reconocen que estas actividades perjudican al país, tanto por la evasión tributaria como por su eventual vínculo con redes criminales.
Además, la mayoría declara estar al tanto de las sanciones legales, que van desde multas hasta penas privativas de libertad, y un 87 % asocia estas prácticas al financiamiento de actividades delictivas.
Sin embargo, esta conciencia convive con una mirada comprensiva hacia sus causas, especialmente la falta de empleo formal, lo que explicaría la permanencia del fenómeno en barrios y comunas.
Delitos, contrabando e inseguridad
La percepción de riesgo también ha aumentado. Un 59 % de los encuestados relaciona el comercio ilegal con delincuencia, cifra que se eleva a 72 % cuando se consulta por contrabando. A ello se suma un incremento en la asociación con narcotráfico, en comparación con la medición de 2024.
En paralelo, más de la mitad de las personas rechaza la presencia de comercio ambulante informal en su entorno cercano, mientras que el rechazo a la piratería y al contrabando supera el 60 %, mostrando una tendencia al alza.
Por qué sigue funcionando el comercio informal
Pese a este escenario, el consumo se mantiene. Una de cada tres personas admite haber comprado recientemente en el comercio ambulante informal, principalmente por precios más bajos y conveniencia, ya que muchos señalan que adquirieron productos porque “iban pasando por el lugar”.
En los últimos tres meses, los artículos más demandados han sido ropa y productos de aseo, aunque destaca un aumento significativo en la compra de alimentos preparados o envasados, respecto al año anterior.
Entre los factores que desincentivan la compra aparecen con mayor fuerza las dudas sobre la calidad, junto a consideraciones éticas y desinterés, aspectos que ganan peso frente a mediciones previas.
Llamado a fiscalización y educación
El estudio también revela un consenso amplio sobre la necesidad de reforzar las medidas de control, donde las municipalidades aparecen como actores clave. Para la CNC, el desafío no es solo fiscalizador, sino también educativo.
El presidente del gremio, José Pakomio, advirtió que “precio y conveniencia siguen pesando en la decisión de compra”, por lo que insistió en la importancia de informar a los consumidores sobre los riesgos del comercio ilícito y fomentar la preferencia por el comercio formal.



