Para Gloria Montenegro, recibir el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas fue un reconocimiento importante a una trayectoria dedicada a la investigación, la docencia y la vinculación de la ciencia con la sociedad. Sin embargo, cuando recibió la llamada que le comunicó la decisión del jurado, estaba lejos de una ceremonia: viajaba al Valle del Elqui para hacer clases a niños de una escuela rural.
“Me sentí bien, emocionada y todo, pero rápido me dije: bueno, la vida sigue, así que aterricemos esto un poquito”, recordó la científica, quien mantiene hasta hoy una intensa agenda de trabajo.
Montenegro, de 85 años, continúa haciendo clases en la Universidad Católica, desarrollando investigaciones y trabajando con comunidades rurales y apicultores. De hecho, su vínculo con la actividad no solo se extiende por distintas regiones del país, sino que también tiene una historia directa en Colina, comuna donde ha desarrollado proyectos junto a productores locales.
Una científica que sigue trabajando
La trayectoria de Montenegro comenzó ligada a la botánica y la flora nativa. Estudió Biología y Ciencias Naturales en la Universidad Católica y posteriormente viajó a Estados Unidos, donde profundizó sus conocimientos y se especializó en la química de plantas nativas y endémicas.
Con el tiempo, su investigación comenzó a vincularse con los productos derivados de las abejas, como la miel, el polen apícola y el propóleo. Actualmente, además de sus labores académicas, continúa trabajando con apicultores y agricultura familiar campesina.
“Me encanta lo que hago. Sigo trabajando con mis apicultores”, comentó a Chicureo Hoy.
Ese compromiso también explica que el premio no haya significado una pausa en sus actividades. Mientras recibía el reconocimiento, Montenegro mantenía sus proyectos en distintas zonas del país, incluido un trabajo con una escuela rural del Valle del Elqui, donde busca formar a pequeños apicultores.
De la investigación al trabajo con los apicultores de Colina
Aunque su trabajo tiene alcance nacional e internacional, Montenegro mantiene un vínculo especial con Colina, donde ha colaborado con productores locales para estudiar las características de sus mieles.
La científica explicó que, mediante un proyecto desarrollado con apoyo de la Municipalidad y la Universidad Católica, trabajó junto a los apicultores de la comuna para identificar las propiedades biológicas y el origen botánico de sus mieles.
“Les agregué valor. Les entregué un informe con las propiedades biológicas de sus mieles y con los orígenes botánicos, para que ellos pudieran utilizar ese informe para vender con mayor valor agregado”, señaló.
El resultado, según relató, ha sido especialmente gratificante cuando se encuentra con los productores en ferias de la zona.
“A veces me encuentro en la feria con ellos. Me dicen: ‘Mire, profe, esta es la miel que usted me realizó’. Y la están vendiendo. Muy satisfactorio”, contó.
Para Montenegro, precisamente ahí se encuentra uno de los objetivos centrales de la investigación científica: que los conocimientos no permanezcan únicamente dentro de los laboratorios, sino que puedan traducirse en beneficios concretos para las personas.
“Yo creo que la investigación tiene que servirle a la sociedad. Por eso me gané el premio”, afirmó a Chicureo Hoy.
El sello que busca abrir mercados para la miel chilena
Dentro de su trayectoria, uno de los desarrollos que Montenegro considera especialmente importantes está relacionado con las mieles y su actividad antibacteriana.
La científica explicó que desarrolló el Active Patagonia Factor (APF), un sistema que permite establecer distintos niveles de actividad antibacteriana en las mieles a partir de análisis realizados en laboratorio.
“Es un factor que indica la graduación de la actividad antibacterial de las mieles. No todas las mieles son iguales”, explicó.
Según Montenegro, este trabajo ha permitido que mieles chilenas ingresen a mercados donde anteriormente no tenían presencia, mencionando entre ellos Emiratos Árabes, Japón, Turquía y algunos países europeos.
El objetivo, nuevamente, apunta a entregar herramientas que permitan a los productores diferenciar sus productos y aumentar su valor.
“Yo le digo al agricultor: mira, tu miel es capaz de controlar el crecimiento de esta bacteria y tú puedes vender con este valor”, relató.
“Estoy feliz aquí en Chicureo”
La historia de Montenegro también tiene un componente especialmente cercano para los vecinos de la zona. La científica vive en Chicureo, donde llegó luego de enviudar y actualmente reside cerca de su hija y sus nietos.
Lejos de describir su hogar solamente como un lugar de descanso, cuenta que disfruta especialmente de su jardín, donde tiene naranjos, mandarinos y distintos tipos de flores.
“Estoy feliz aquí en Chicureo. Me encanta este barrio”, comentó.
Su relación con la comuna también se mantiene a través de sus proyectos con los apicultores y de los vínculos que conserva con quienes participaron en aquellas iniciativas.
El consejo de una científica a los jóvenes
Consultada por qué les diría a los jóvenes de Colina que tienen interés por la ciencia y la naturaleza, Montenegro respondió con una idea sencilla: hacerse preguntas.
“Que se hagan preguntas. Que siempre se hagan preguntas”, sostuvo.
Para la científica, la curiosidad es el punto de partida para aprender y desarrollar un pensamiento crítico.
“Entiendan y no se les va a olvidar más”, aconsejó a los estudiantes, planteando que la educación no debería limitarse a memorizar contenidos, sino que debe incentivar la búsqueda de respuestas.
Su propia experiencia académica, además, le ha permitido comprobar el interés de las nuevas generaciones. Tras recibir el premio, contó que sus estudiantes la recibieron con aplausos en el laboratorio de botánica de la Universidad Católica.
“Entonces es la nueva generación. Yo tengo mucha esperanza en la nueva generación. Mucha, mucha, mucha. Eso: educación y punto. Educación. Mucha educación”, concluyó.






