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La “Junta de Paz” de Trump: ¿Qué es y quiénes forman parte?

La junta de paz

Foto: @VjosaOsmaniPRKS

El nuevo ente impulsado por el presidente de Estados Unidos suma apoyos fuera de Occidente y genera inquietud entre aliados históricos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impulsa la creación de la denominada “Junta de Paz”, un nuevo organismo internacional que, según su diseño, tendría como objetivo promover la estabilidad y resolver conflictos armados en distintas regiones del mundo. Sin embargo, la iniciativa ha generado resistencias entre aliados tradicionales de Washington, debido a su estructura, alcance y liderazgo.

Aunque inicialmente fue concebida para supervisar la reconstrucción de Gaza, tras el conflicto con Israel, la junta amplió su mandato y ahora apunta a intervenir en crisis globales, lo que ha encendido las alertas en Europa y en organismos multilaterales.

¿Qué es la Junta de Paz?

La Junta de Paz fue propuesta por Trump como parte de la segunda fase del plan de alto el fuego en Gaza, negociado por Estados Unidos en septiembre. En noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU respaldó el plan original, otorgándole legitimidad internacional para tareas de desmilitarización y reconstrucción.

No obstante, el borrador de la carta constitutiva, citado por CNN, redefine la Junta de Paz como una “organización internacional” destinada a promover la paz y la gobernanza en zonas afectadas o amenazadas por conflictos, sin mencionar específicamente a Gaza.

Uno de los puntos más controvertidos es que Trump ejercerá la presidencia de manera indefinida, incluso más allá de su eventual segundo mandato, según establece el estatuto.

Quiénes integran la dirección del organismo

La Junta de Paz se sitúa por encima de una Junta Ejecutiva fundadora, integrada por figuras cercanas al mandatario estadounidense. Entre ellas destacan:

  • Jared Kushner, yerno de Trump
  • Marco Rubio, secretario de Estado
  • Steve Witkoff, enviado especial
  • Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido

Durante la ceremonia realizada en Davos, Kushner reconoció que “la paz no es igual a un negocio”, aunque defendió el plan de reconstrucción de Gaza, el cual —según afirmó— no contempla un plan alternativo.

Países que integran o han aceptado sumarse a la Junta de Paz

Hasta ahora, los países que han confirmado su adhesión o respaldo a la iniciativa impulsada por Donald Trump son:

  • Emiratos Árabes Unidos
  • Arabia Saudita
  • Egipto
  • Qatar
  • Baréin
  • Pakistán
  • Turquía
  • Hungría
  • Marruecos
  • Kosovo
  • Paraguay
  • Kazajstán
  • Uzbekistán
  • Indonesia
  • Vietnam
  • Belarús
  • Israel
  • Argentina

Desde el país vecino, Javier Milei, confirmó a través de un post en X que el país fue invitado a integrar, como miembro fundador, la denominada “Junta de Paz”. En su mensaje, Milei valoró la iniciativa orientada a promover una paz duradera en zonas afectadas por conflictos, comenzando por la Franja de Gaza, y reafirmó que Argentina se alineará con los países que —según señaló— combaten el terrorismo y promueven la libertad.

Invitaciones polémicas y ausencias clave

Trump extendió invitaciones a Rusia y China, ofreciendo asientos permanentes a cambio de US$ 1.000 millones, lo que ha generado fuertes cuestionamientos. Aunque el Kremlin no ha confirmado formalmente su participación, Trump aseguró que Vladimir Putin estaría dispuesto a integrarse, lo que aumentó la preocupación internacional.

En contraste, Reino Unido, Francia, Noruega, Italia y Ucrania han declinado o expresado serias dudas sobre la iniciativa. Desde Londres argumentaron inquietudes legales y éticas por la posible participación rusa, mientras que Kiev afirmó que es impensable compartir un órgano de paz con su principal agresor.

Principales preocupaciones internacionales

Diplomáticos y analistas advierten que la Junta de Paz podría debilitar el rol histórico de la ONU, especialmente tras los dichos de Trump, quien señaló que el organismo “podría” reemplazar a Naciones Unidas.

Otro foco de críticas es el financiamiento: los países miembros tendrían mandatos de tres años y luego deberían pagar US$ 1.000 millones para obtener un puesto permanente, fondos que —según Washington— se destinarían a la reconstrucción de Gaza. No obstante, la fórmula ha sido cuestionada por su potencial vulnerabilidad a la corrupción.

El estatuto menciona la necesidad de superar “instituciones que han fracasado con demasiada frecuencia”, una alusión indirecta a la ONU, organización que Trump ha criticado reiteradamente.

CHH