Hay historias que parecen improbables hasta que alguien las vive. En Chicureo, donde muchos conocen a Didier Veracini por su sello gastronómico en Pizza Bistrot, pocos saben que detrás del chef, del empresario, quien fue también rostro culinario televisivo en el programa «Mucho gusto» de Mega, existe una vida marcada por el desierto, la logística extrema y una de las competencias más duras del planeta: el Rally Dakar.
Se trata de una faceta poco conocida, que Chicureo Hoy pudo reconstruir a través de una conversación directa con el propio Veracini, quien hoy acumula más de una década ligado a la organización del Dakar, cumpliendo roles clave lejos de las cámaras y del protagonismo deportivo.
Un sueño que parecía imposible
Al ser consultado por el origen de su vínculo con la carrera, Didier no duda en retroceder a su infancia en Francia. Según relata con emoción, el Dakar fue siempre una obsesión temprana.
“Yo llegué al Dakar cuando el Dakar llegó a Chile”, explica. De niño era fanático absoluto de la carrera y soñaba con verla en vivo, algo que parecía inalcanzable. Con el paso de los años, su vida tomó otro rumbo: se trasladó a Chile y asumió que ese anhelo quedaría atrás. Sin embargo, el destino tenía otros planes. «Yo me alejé del Dakar pero el Dakar se acercó a mí», aseguró Didier.
El punto de inflexión llegó cuando un amigo lo invitó a una presentación oficial del Dakar durante su desembarco en Sudamérica. Fue ahí donde conoció a Thierry Lavigne, entonces director de la prueba. En medio de la conversación, Veracini le contó parte de su historia personal: un viaje de cinco años recorriendo países en motocicleta, los últimos dos junto a su pareja, Alejandra, actual esposa y madre de sus hijos, a quien conoció en Chile.
“Después de escucharme, me dijo algo que me cambió la vida: ¿No te gustaría trabajar en el Dakar?», recuerda. La respuesta fue inmediata.
El ingreso al corazón de la carrera
Así comenzó una historia que ya suma 14 años dentro del Dakar. Tras su incorporación, también conoció a David Castera, actual director de la competencia, con quien consolidó su vínculo con la organización. Incluso, recuerda entre risas, ambos llegaron a visitar sus restaurantes en Chicureo y en el Hotel W.
Sus primeros años los pasó en el bivouac, el campamento central del Dakar, una verdadera ciudad itinerante que se levanta cada día en medio del desierto y que concentra toda la operación de la carrera. Allí conviven pilotos, equipos mecánicos, médicos, prensa y la organización, y desde ese punto se coordinan las salidas, llegadas, asistencias y controles de seguridad. Es, en la práctica, el corazón logístico del Dakar, donde nada puede fallar.

Didier Veracini en el Dakar 2026
“Cuando todos largan, nosotros tomamos un avión y nos vamos directo a la meta para recibirlos, a confirmar quién llegó y quién no. Todo está pensado para que nadie se pierda y nadie quede sin asistencia”, explica.

Didier Veracini en el Dakar 2026
Responsabilidades bajo presión
Con el paso del tiempo, sus funciones fueron aumentando. Según detalla, asumió el control de la llegada al bivouac, una de las tareas más exigentes de la carrera. Esto implica recibir a cada competidor, incluso durante la madrugada, y acompañarlos en evaluaciones médicas para definir si están en condiciones de continuar al día siguiente.
Más adelante, Veracini pasó a formar parte del equipo encargado de organizar la partida de las especiales, una labor tan compleja como invisible para el público.
“No es una largada en una calle o un circuito. Es encontrar, literalmente en medio del desierto, el punto exacto donde debe comenzar la carrera, coordinar GPS, cronometraje y seguridad. Todo en la nada”, relata.
El Dakar Classic y un giro familiar
Uno de los capítulos más decisivos llegó durante la pandemia. Según cuenta, dos figuras clave del Dakar Classic se enfermaron y él se encontraba en Arabia Saudita. Desde la organización lo contactaron de urgencia para asumir el rol.
El Dakar Classic reúne 4×4, buggies y camiones emblemáticos —como Porsche 959, Renault R18 o Lada Niva— diseñados para enfrentar los desiertos africanos en otra época y que hoy viven una segunda vida en Arabia Saudita.
“No quería aceptar. Tenía mi restaurant en Chile y mucha carga encima”, reconoce. Sin embargo, accedió con una condición muy especial: evaluar la incorporación de sus dos hijos, quienes desde hacía años buscaba ingresar a la organización. Sin embargo, el proceso estuvo sujeto a estrictos criterios operativos.

Entrar al Dakar, explica, es extremadamente difícil. Hoy existe una larga lista de personas dispuestas incluso a trabajar sin sueldo.
Al tratarse de tres integrantes de una misma familia —Didier Veracini y sus hijos Vincent y Sebastián—, la organización evaluó cuidadosamente su incorporación, considerando criterios de seguridad, logística y operación. En ese marco, se optó por distribuir sus funciones en áreas distintas de la competencia, evitando concentrar responsabilidades en un mismo frente operativo y resguardando los estándares internos del Dakar.

Didier Veracini en el Dakar 2026
Un legado que continúa
De este modo, la organización definió una distribución clara de roles. Didier Veracini asumió responsabilidades en el Dakar Classic, mientras que sus dos hijos se integraron a otras áreas de la competencia, acorde a las exigencias operativas del rally.
Actualmente, Sebastián acumula cinco años dentro del Dakar y forma parte del denominado “Dakar del futuro”, ligado a vehículos eléctricos e híbridos. En tanto, Vincent cumple funciones en las categorías más competitivas, trabajando desde el bivouac, misma labor que realizaba su padre en sus primeros años.
“Es un trabajo durísimo, agotador, pero lo único que quiere durante todo el año es volver al Dakar”, comenta Didier. Para él, esa motivación resume el espíritu de una competencia que trasciende lo deportivo y marca a quienes forman parte de ella.
Desde Chicureo al desierto saudí, Didier Veracini ha construido una historia silenciosa, intensa y profundamente humana. Una vida que muchos conocen solo en parte, pero que hoy revela una conexión única con el Dakar, nacida de un sueño de infancia que, contra todo pronóstico, terminó haciéndose realidad.
