En medio de un escenario marcado por la disminución de precipitaciones y el avance del cambio climático, los humedales se han convertido en aliados silenciosos para la seguridad hídrica. Estos ecosistemas, presentes tanto en zonas rurales como urbanas, cumplen funciones que resultan clave para la estabilidad ambiental y el bienestar humano.
Lejos de ser espacios improductivos, los humedales operan como sistemas naturales de regulación. Retienen agua durante períodos de alta precipitación y la liberan de forma progresiva cuando las lluvias escasean, ayudando a amortiguar los efectos de sequías prolongadas y reduciendo riesgos de inundación.
Agua limpia, acuíferos y protección del territorio
Además de almacenar agua, los humedales desempeñan un rol fundamental en su calidad. A través de procesos naturales, estos ecosistemas contribuyen a la retención de sedimentos y a la reducción de contaminantes, favoreciendo la recarga de acuíferos y el equilibrio de cuencas hidrográficas.
En un país como Chile, donde la presión sobre las fuentes de agua es cada vez mayor, su conservación se vuelve estratégica no solo desde una mirada ambiental, sino también desde la planificación territorial y la gestión del recurso hídrico.
Biodiversidad que sostiene los ecosistemas
La relevancia de los humedales también se expresa en su riqueza biológica. Son espacios de reproducción, alimentación y descanso para una amplia variedad de especies, muchas de ellas altamente dependientes de estos ambientes para completar sus ciclos de vida.
Aves migratorias utilizan los humedales como puntos clave en rutas que cruzan continentes, mientras que anfibios, peces e insectos encuentran allí condiciones que no se replican en otros ecosistemas. Su degradación implica, por tanto, impactos que trascienden el ámbito local.
Crecimiento urbano y amenazas persistentes
Pese a su valor, numerosos humedales continúan siendo intervenidos o degradados. La expansión de las ciudades, los rellenos ilegales, la reducción de caudales y la contaminación han puesto en riesgo a estos ecosistemas, muchas veces bajo la falsa percepción de que se trata de terrenos disponibles para nuevos proyectos.
Si bien el marco legal ha avanzado en su reconocimiento, la protección efectiva aún enfrenta desafíos, especialmente en zonas urbanas donde los humedales cumplen un rol clave como barreras naturales frente a eventos extremos.
Humedal de Batuco: un ejemplo de recuperación y valor ecológico
En la Región Metropolitana, el Humedal de Batuco, ubicado en la comuna de Lampa, destaca como uno de los ecosistemas acuáticos más relevantes del centro del país. Su declaración como Santuario de la Naturaleza marcó un punto de inflexión en la protección de un espacio que durante décadas sufrió procesos de degradación.
Este humedal alberga más de 140 especies de aves, muchas de ellas migratorias, además de anfibios, peces y vegetación nativa adaptada a ambientes inundables. Su riqueza biológica lo ha convertido en un punto clave para la educación ambiental, el avistamiento de fauna y la investigación científica.

Un compromiso que va más allá de la fecha
La conmemoración del Día Mundial de los Humedales invita a repensar la relación con estos ecosistemas y a reconocerlos como parte esencial de las soluciones frente a la crisis climática. Su protección no depende únicamente de políticas públicas, sino también de una ciudadanía informada y activa.
Cuidar los humedales es resguardar el agua, la biodiversidad y la capacidad de adaptación de las comunidades frente a un futuro marcado por la incertidumbre ambiental.
