La decisión de que Kast vivirá en La Moneda comenzó a concretarse pocas horas después del cambio de mando presidencial.
Durante la jornada se registró la llegada de un camión por calle Teatinos que trasladó distintos muebles de la familia del nuevo mandatario, entre ellos almohadas, sillones, camas y colchones.
Con esto, Kast vivirá en La Moneda mientras dure su periodo en el cargo, tal como había anunciado durante la campaña presidencial.
Las imágenes muestran el ingreso de los enseres al Palacio de Gobierno, lo que marca el inicio de una residencia permanente del jefe de Estado en el histórico edificio ubicado en el centro de Santiago.
Según lo informado previamente por el propio presidente, la medida responde principalmente a un criterio de ahorro fiscal, evitando los gastos asociados a mantener otra residencia oficial.
En concreto, el mandatario pernoctará en dependencias que anteriormente correspondían a las oficinas de la exprimera dama Cecilia Morel. Esos espacios habían sido utilizados de manera transitoria por la División Jurídica de la Secretaría General de la Presidencia (Segpres), pero ahora fueron habilitados para uso habitacional.
Una práctica que vuelve tras décadas
Con esta decisión, el líder republicano se convierte en el primer presidente en residir en el Palacio de La Moneda desde el segundo mandato de Carlos Ibáñez del Campo, a fines de la década de 1950.
Desde entonces, los jefes de Estado chilenos optaron por vivir en sus domicilios particulares y trasladarse diariamente hasta el edificio gubernamental.
Sin embargo, esta modalidad no siempre fue así. El historiador Cristóbal García-Huidobro explica que la residencia presidencial en La Moneda tiene su origen en una decisión tomada en 1846 por el presidente Manuel Bulnes. En ese momento, el país enfrentaba limitaciones económicas y problemas de infraestructura.
El antiguo edificio donde funcionaba la sede del gobierno había quedado pequeño debido al crecimiento del aparato estatal. A la vez, la casa destinada al presidente estaba en malas condiciones y amenazaba ruina.
Frente a ese escenario, se optó por trasladar tanto las oficinas del Ejecutivo como la residencia presidencial al Palacio de La Moneda, que contaba con mayor espacio disponible.
De esta manera se resolvían dos problemas al mismo tiempo: disponer de un lugar adecuado para el funcionamiento del gobierno y evitar los costos de mantener una vivienda separada para el mandatario.
Con la llegada de Kast al palacio, esa tradición republicana — que marcó gran parte de la historia política del país — vuelve a instalarse después de casi siete décadas.






