Pakistán confirmó que bombardeó Kabul durante la madrugada de este viernes, además de objetivos en Kandahar y Paktia, en el marco de la operación “Ira de la Verdad”. Islamabad aseguró que actuó en respuesta a una ofensiva lanzada el jueves por fuerzas afganas a lo largo de la Línea Durand, la frontera de 2.577 kilómetros que divide a ambos países y cuya delimitación histórica ha sido motivo de tensiones recurrentes.
El portavoz talibán, Zabihulá Muyahid, confirmó los ataques sobre la capital afgana, aunque negó que se registraran víctimas mortales y anunció el inicio de “amplias operaciones de represalia” contra centros militares paquistaníes desde las provincias de Kandahar y Helmand. Según Kabul, las fuerzas afganas también desplegaron tropas adicionales en puntos estratégicos de la frontera oriental.
Cifras enfrentadas y acusaciones cruzadas
Las versiones sobre las bajas reflejan la profundidad de la disputa. El ministro de Información paquistaní, Ataulá Tarar, afirmó que más de 130 combatientes talibanes murieron y que múltiples puestos y equipos militares afganos fueron destruidos en ataques aéreos “precisos”. Además, sostuvo que Pakistán sufrió dos soldados muertos y tres heridos.
Kabul, por su parte, reportó cifras considerablemente menores en sus filas y aseguró haber causado más de 50 bajas al Ejército paquistaní, así como la captura de varios puestos fronterizos. Las autoridades afganas denunciaron también que bombardeos impactaron en un campo de refugiados en Nangarhar, dejando al menos 13 civiles heridos, entre ellos mujeres y niños.
Ambas partes han difundido videos que, según afirman, muestran operaciones militares nocturnas y ataques directos contra posiciones enemigas. Sin embargo, las cifras y materiales difundidos no han podido ser verificados de manera independiente.
El TTP, eje de la confrontación
En el trasfondo del enfrentamiento está la presencia en Afganistán del Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), grupo insurgente paquistaní que Islamabad acusa de lanzar atentados recientes en su territorio con respaldo o tolerancia desde suelo afgano. Pakistán sostiene que sus bombardeos previos estuvieron dirigidos contra campamentos y escondites del TTP y de células vinculadas al Estado Islámico.
El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, había anticipado meses atrás que su país emplearía “cualquier medio a su alcance” para eliminar al liderazgo del TTP en Afganistán. Tras la nueva escalada, afirmó que “la paciencia se ha agotado” y describió la situación como una “guerra abierta”.
Desde Kabul rechazan las acusaciones y sostienen que no permiten que su territorio sea utilizado para atacar a terceros países. El cruce de declaraciones ha deteriorado aún más una relación ya frágil desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021.
Un alto el fuego en riesgo y temores regionales
Desde octubre, ambos países mantenían un alto el fuego informal tras una de las olas de violencia transfronteriza más intensas de los últimos años. La actual escalada pone en riesgo ese entendimiento y reaviva temores de una confrontación prolongada que podría desestabilizar aún más a Asia meridional.
La comunidad internacional reaccionó con llamados urgentes a la contención.
Rusia expresó su “profunda preocupación” por el repunte de los combates y pidió retomar las negociaciones.
China instó a ambas partes a ejercer moderación y reiteró su disposición a mediar para evitar una mayor escalada.
Irán también ofreció facilitar el diálogo, subrayando la necesidad de resolver las diferencias mediante canales diplomáticos, especialmente en el contexto del Ramadán.




