VARIEDADES

¿Qué estoy comiendo?: Cómo leer las etiquetas de los alimentos sin miedo a los nombres químicos

Desde la química aclaran el verdadero significado de los aditivos y otros componentes.

Para muchas personas, revisar la lista de ingredientes de un alimento procesado puede resultar confuso debido a la presencia de nombres extensos o poco familiares.

Sin embargo, desde la química, la complejidad de la nomenclatura no está relacionada con la seguridad o la calidad de un compuesto, sino con la forma precisa de describir su composición y estructura.

“Uno de los desafíos actuales es mejorar la alfabetización química de la población. Muchas veces asociamos un nombre complicado con algo artificial o perjudicial, cuando en realidad se trata simplemente de la forma en que la química sistemáticamente nombra una sustancia”, explicó el director del Departamento de Ciencias Químicas de la Universidad Andrés Bello, Andrés Vega.

El académico señaló que conocer de qué está compuesto un alimento y comprender la función de cada uno de sus ingredientes permite a los consumidores tomar decisiones más informadas al momento de comprar y consumir productos.

Además de los ingredientes principales, los alimentos procesados y ultraprocesados incluyen aditivos con funciones específicas, como prolongar su vida útil, mejorar su estabilidad, textura, color o sabor.

Entre los aditivos más frecuentes se encuentran conservantes, antioxidantes, estabilizantes, espesantes y emulsificantes, cuya función es mantener las propiedades del alimento durante su almacenamiento y distribución.

La denominación de estos compuestos responde a normas internacionales de nomenclatura química y alimentaria.

En Chile, los ingredientes y aditivos deben identificarse de acuerdo con el Reglamento Sanitario de los Alimentos (RSA) del Ministerio de Salud, utilizando el Sistema Internacional de Numeración (SIN) establecido por el Código Alimentario de la ONU y la OMS. En el caso de los aditivos, la normativa exige que sean identificados mediante su nombre químico o a través del sistema de Números E.

Como ejemplo, un queque envasado puede contener azúcar, harina de trigo, agua, aceite vegetal y huevo entero pasteurizado como ingredientes principales. A ellos se suman aditivos como ácido cítrico (E330), sorbato de potasio, bicarbonato de sodio, lecitina de soya y distintos agentes emulsionantes.

Además, muchos de estos compuestos forman parte del consumo cotidiano. Es el caso del ácido ascórbico (E300), que corresponde a la vitamina C y se utiliza como antioxidante, o de la lecitina de soya (E322), empleada como emulsificante para evitar la separación entre agua y aceite.

“Que una sustancia tenga un nombre complejo no significa que sea peligrosa en sí. La nomenclatura química solo busca describir de manera precisa qué compuesto está presente en un producto”, sostuvo Vega.

Las etiquetas también permiten identificar familias de aditivos. Los compuestos terminados en “-ato”, como el sorbato de potasio (E202) o el benzoato de sodio (E211), corresponden habitualmente a conservantes.

En tanto, entre los espesantes más habituales figuran la carragenina (E407), la goma xantana (E415) y la maltodextrina, obtenidas de algas rojas, fermentación bacteriana y almidón, respectivamente.

Natural no siempre significa mejor

Otro aspecto que suele generar confusión es la diferencia entre lo natural y lo artificial. “Desde el punto de vista químico, una molécula posee las mismas propiedades independientemente de si proviene de una fuente natural o si fue obtenida mediante procesos industriales”, detalló, añadiendo que “no hay nada más natural que el veneno de araña, pero resulta tremendamente tóxico para un ser humano”.

Por ello, el especialista recomendó analizar los ingredientes desde la evidencia científica y la nutrición, y no únicamente a partir de percepciones asociadas a determinados conceptos.

CHH