Tras horas de espera y un juicio cargado de tensión, el Tribunal de lo Penal del Ródano, en Francia, resolvió este jueves condenar a Nicolás Zepeda a cadena perpetua por el asesinato premeditado de Narumi Kurosaki.
El fallo llega luego de ocho días de audiencias intensas, donde el acusado sostuvo hasta el final su inocencia. De hecho, en la jornada previa al veredicto, rompió en llanto ante el tribunal e insistió: “¡no fui yo!”.
Pese a ello, los jueces optaron por la máxima sanción, endureciendo incluso las condenas anteriores. En los juicios de 2022 y 2023, Zepeda ya había sido declarado culpable, pero con penas de 28 años de prisión. Ambos procesos terminaron anulados, siendo el último invalidado por la Corte de Casación debido a vicios en el procedimiento.
Esta vez, el tribunal fue más allá de lo solicitado por la fiscalía. El persecutor Vincent Auger había pedido una condena de 30 años, pero la justicia francesa elevó el castigo a su nivel más alto.
Una desaparición sin cuerpo, pero con condena
El caso se remonta al 5 de diciembre de 2016, cuando se perdió todo rastro de Narumi Kurosaki en Besançon. La joven japonesa, de 21 años, se encontraba de intercambio, al igual que Zepeda, con quien había terminado recientemente una relación.
Desde entonces, la investigación apuntó a un elemento clave: el chileno fue la última persona que tuvo contacto con la víctima.
A pesar de que el cuerpo nunca ha sido encontrado, la fiscalía logró construir una tesis que convenció nuevamente al tribunal. Así, la justicia francesa volvió a cerrar el círculo en torno a Zepeda, en un caso que, aunque sin restos, terminó con la pena más severa posible.






