La cárcel estricta podría convertirse en una de las nuevas herramientas del Gobierno para enfrentar el crimen organizado. El Ejecutivo prepara una reforma constitucional para implementar en Chile un régimen penitenciario inspirado en el modelo italiano conocido como «41 bis». Su objetivo es aislar a los líderes de organizaciones criminales e impedir que sigan operando desde prisión.
La iniciativa fue presentada por el ministro de Seguridad Pública, Martín Arrau, durante una reunión con representantes del oficialismo. En esa instancia dio a conocer parte de la agenda legislativa que el Ejecutivo pretende impulsar para reforzar la seguridad.
¿Cómo funciona el modelo italiano?
El sistema «41 bis» funciona en Italia desde la década de 1980. Fue creado para evitar que los jefes de la mafia continúen dirigiendo sus organizaciones desde la cárcel. Para ello, establece un régimen de aislamiento mucho más estricto que el resto del sistema penitenciario.
Entre sus medidas contempla celdas individuales, prohibición de contacto con otros internos y acceso restringido a espacios comunes. También limita las visitas familiares a una vez al mes, sin contacto físico. Además, controla toda la correspondencia y mantiene vigilancia permanente sobre los reclusos.
El presidente José Antonio Kast ha destacado este modelo en distintas oportunidades. Tras reunirse con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, señaló que el objetivo es impedir que los líderes criminales mantengan contacto con sus organizaciones y fortalecer el control dentro de las cárceles.
La cárcel estricta no es una idea nueva en Chile. En 2023 y 2024, el fiscal nacional, Ángel Valencia, propuso crear recintos especiales para internos vinculados al crimen organizado. A ello se sumó un proyecto presentado en mayo de 2024 por diputados de distintos sectores políticos. La iniciativa sigue en primer trámite constitucional en la Cámara de Diputados.
El modelo también ha recibido cuestionamientos. Organizaciones de derechos humanos y el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura consideran que algunas de sus medidas pueden resultar inhumanas. Sin embargo, el sistema mantiene un amplio respaldo político en Italia como una herramienta para enfrentar al crimen organizado.





